Hazaña dictatorial en Ecuador PDF Imprimir E-mail
Escrito por Editorial del diario Estado, de San Pablo, Brasil   
Martes, 26 de Julio de 2011 18:31

Tanto la libertad de expresión como la posibilidad de recurrir a la justicia para quienes se consideren calumniados por la prensa son derechos consagrados en los regímenes democráticos.

Aparentemente, por tanto, el presidente de Ecuador, Rafael Correa, actuó con entera legitimidad al procesar por injuria al periodista Emilio Palacio, ex editor de Opinión de El Universo, el principal diario del país, publicado en Guayaquil, y a sus propietarios, los hermanos Carlos, César y Nicolás Pérez.
En la edición del 6 de febrero último, en un artículo titulado No a las mentiras, Palacio acusó al Presidente, a quien se refirió invariablemente como "dictador", de crímenes de lesa humanidad.
Al criticar la intención de indultar a los policías y miembros de la Marina que se amotinaron el 30 de septiembre pasado, invocando reivindicaciones salariales –lo que se calificó como una tentativa de golpe de Estado- el periodista escribió que un futuro presidente, tal vez enemigo del actual, podría llevarlo a los tribunales por haber mandado a abrir fuego indiscriminadamente y sin previo aviso "contra un hospital lleno de civiles y gente inocente".
Hacía alusión con eso a la inesperada visita de Correa a un cuartel sublevado, donde desafío a que le disparen. Cuando los policías lo atacaron, se refugió en el hospital de la institución, de donde fue rescatado por tropas del Ejército que mandó llamar. La rebelión, que finalmente fue sofocada, dejó 10 muertos y cerca de 270 heridos.
Correa, que no se ve a sí mismo como un dictador sino como un demócrata de avanzada, siguiendo el ejemplo de su mentor venezolano Hugo Chávez, argumentó que el articulista le atribuyó, sin pruebas, "una conducta prevista en la ley penal"; y pidió, como reparación, que los dueños de El Universo sean condenados a pagarle el equivalente a la asombrosa suma de 80 millones de dólares, y a pasar tres años en prisión.
Dejó claro así que más que castigar a los responsables por una presunta calumnia publicada en su contra, desea el cierre del diario, lo que no pasa de ser sino una nueva manifestación del endurecimiento del cerco que viene emprendiendo contra lo que resta de la prensa libre en Ecuador.
Pero el requisito para eso sería que exista una función Judicial independiente en el país que le de la razón o no a la luz de los hechos. En realidad, el juicio mostró lo opuesto: la Justicia convertida en una extensión cada vez más evidente del autoritarismo chavista de Correa.
La sentencia de primera instancia que multó a los acusados a "solo" 40 millones de dólares, conservando la exigencia de tres años de condena, fue adoptada en presencia de soldados armados con fusiles y bombas lacrimógenas. A Palacio se le prohibió que presente pruebas en su defensa, con el pretexto de que no eran "pertinentes". Lo más escandaloso fue la conducta del juez Juan Paredes, el sexto en ocuparse del caso en pocos meses. Él dejó el proceso luego de que la defensa de Carlos Pérez, uno de los socios de El Universo, pidió su separación, y reasumió el cargo el pasado martes, como juez temporal. En no más de 33 horas, condujo la audiencia, "estudió" 5 mil páginas del proceso y dictó una sentencia de 156 páginas. Inmediatamente después fue sustituido por el juez titular.
Se repitió así la farsa de las cortes de papel de todas las dictaduras, donde la condena a los que el régimen quiere doblar o destruir precede al debido proceso.
Los condenados disponen todavía de tres instancias para recuperarse de la violencia que han sufrido. Pero el resultado final es previsible a menos que la indignación de las instituciones internacionales que defienden la libertad de prensa, se traduzca en presiones que se hagan sentir en Ecuador ante la exultante actitud de Correa, que trepidó: "El reino del terror instalado por los medios de comunicación está acabando".
En un gesto magnánimo, dijo luego que destinará el monto de la indemnización para un proyecto ambiental en la Amazonía ecuatoriana y que cuando el proceso continúe en el juzgado retirará el pedido de prisión contra los periodistas, lo que constituiría un acto arbitrario, coherente con su gusto por el poder dictatorial.
Dicho eso, se embarcó para Cuba, donde fue a conmemorar con sus aliados Castro y Chávez una nueva hazaña contra la democracia que sueñan extirpar de América Latina.